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Decorar casas. Decorar y decorarse es algo inherente a la naturaleza humana

Decorar casas, o en nuestros orígenes primigenios la decoración de los primeros refugios rupestres, es una actividad intrínseca a nuestra naturaleza de humanos.

Desde los tiempos en los que los homínidos vivían en las cavernas hasta hoy en día, no han dejado de evolucionar todos los entornos que nos son cercanos y de los que nos hemos ido rodeando.

Poco a poco primero, y a una velocidad cada vez más acelerada después, hemos ido humanizando casi todo a medida que los avances tecnológicos se han ido materializando y nos permitían conquistar peldaños en la evolución.

Decorar casas ha sido -aunque no a lo mejor con la idea actual y contemporánea que tenemos hoy en día de decorar casas– una actividad más dentro de esa humanización progresiva que desde antiguo se ha ido produciendo.

Una labor que muchas veces, al igual que por ejemplo el cuidado personal y el adornar nuestros cuerpos, no ha tenido –excepto para antropólogos y estudiosos- toda la atención debida.

La decoración es una actividad humana que muchas veces se conceptúa como superficial y que en general no se le ha dado la relevancia que en realidad tiene, y ha tenido, desde nuestros orígenes como especie.

 

Todos los ejercicios de estética, y decorar casas es uno más, son un reflejo fiel de las costumbres y la época en la que se producen; radiografían quienes somos y como nos desenvolvemos, como actuamos y cuales son nuestras prioridades e intereses.

  

Decorar casas, o la trascendencia de crear armonía

Decorar casas es de los trabajos más gratificantes y bonitos que pueda haber ya que lleva implícito buscar y hacer factible la felicidad de las personas que van habitar y hacer suyo el espacio a intervenir.

 

Decorar casas es una profesión insospechadamente trascendente pues nuestro trabajo conlleva crear armonía y bienestar.

 

Articular un refugio donde guarecerse no sólo de los elementos y las adversidades físicas sino también de las psíquicas y emocionales.

 

El lugar buscado, ese castillo donde reposar y liberarse del peso de la armadura después de la intensidad del día a día, no tiene por qué tener unas condiciones prefijadas.

 

Ese hogar se puede lograr en cualquier tipo de vivienda allí donde se ubique, ya sea en el ámbito rural o en el urbano, ya sea un piso en altura o una casa baja.

 

Lo importante es saber escuchar que es lo que quiere el cliente y cuáles son sus necesidades y también, aunque parezca algo extraño o excéntrico, estar a la escucha del espacio.